Según la ONU desde que empezó la presión en el país 3.500 personas han muerto.
Ocho meses después de que comenzaron las protestas, Siria parece haber entrado en un camino sin retorno que podría desembocar en una guerra civil parecida a la que vivió Libia en los meses previos a la caída de Muamar Gadafi, según advirtió Naciones Unidas.Al tiempo que la Liga Árabe amenazó ayer con sanciones económicas si en tres días no cesa la represión y aumenta la presión internacional para aislar al régimen de Bashar Al Assad, los enfrentamientos en el país son cada vez mayores. Ya van 3.500 muertos.
Ayer un grupo de militares desertores atacaron con cohetes una base de la inteligencia de la aviación siria cerca de Damasco, la capital.
Esta arremetida, según los analistas, es la acción más simbólica que hasta ahora ha llevado a cabo la oposición contra el régimen de Al Assad. Esto se debe a vario motivos. Para empezar el ataque se lleva a cabo a las puertas de la capital, que hasta ayer se había mantenido casi ajena a los choques.
A esto se suma que esta nueva acción deja en evidencia que el escenario de los enfrentamientos ha tomado una nueva dimensión desde que entraron en acción los militares que han desertado en los últimos meses.
Estas nuevas circunstancias, aseguran los expertos regionales, hace que el fantasma de una guerra civil con tintes sectarios esté cada vez más cerca.
Un ejemplo de esta escalada se dio el lunes pasado cuando 71 personas habrían muerto, 34 de ellos soldados, enenfrentamientos entre fuerzas leales y opositoras, según anunció el observatorio de Derechos Humanos Sirio, con base en Londres.
La jornada del lunes, según los comités de coordinación locales que operan desde Siria, habría sido una de las más violentas de estos meses, protesta en la que seguidores del régimen también atacaron algunas embajadas, entre ellas la jordana.
Los seguidores de Al Assad respondían con esta embestida al rey Abdulá de Jordania que el día anterior había dicho en una entrevista con BBC World que Al Assad debería dimitir.
El jordano era el primer mandatario árabe que pedía de frente la dimisión del líder sirio, que cada vez se encuentra más aislado.
Incluso Turquía, su antiguo aliado, ha anunciado que está pensando cortar el suministro de electricidad hacía el país vecino en un nuevo intento para presionar al régimen, que estaría en el "borde de una navaja", según advirtió el primer ministro turco, Tayyip Erdogan.
Ayer, por su parte, los ministros de exteriores de la Liga Árabe confirmaron la decisión tomada el pasado fin de semana de suspender la membresía de Siria.
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